jueves, 19 de abril de 2012

Retratos

Copia de foto de Irving Penn


Me disculparán por la mala calidad de la imagen, pero mi cámara quedó gravemente dañada :(, así que tuve que recurrir a mi mp4.

Entrevista a escritor

Entrevista a Luz Estella Giraldo

Luz Estella Giraldo profesora  de la escuela de Educación de la UIS en el área de TIC aplicadas a la educación, coordinadora de la  Maestría en Pedagogía desde hace 3 años, y directora del Grupo de investigación Paidópolis: investigaciones en educomunicación.
Es una de esas paisas que le gusta su trabajo y disfruta cada día de todo lo que hace, vinculada  desde abril de 2004  a la UIS en  la docencia y la investigación. Comprometida con un proyecto de extensión que se desarrolla desde la vinculación: al programa radial Paidópolis. Este programa le permite mantener un contacto permanente con las instituciones de educación básica y trabajar directamente con los niños, que han sido la mayor motivación en el proceso de formación profesional.
Ella sin importar sus ocupaciones muy amablemente cedió un espacio y tiempo en su oficina y con una sonrisa y su particular espontaneidad se dispuso a responder cada pregunta, fue entonces cuando empezamos la siguiente entrevista:
Bueno profe ¿Qué lecturas le causan más placer?
    Yo prefiero… la narración, manejo la narración… de vez en cuando se me ocurre un poema, pero es, digamos, un intento, nada más. No me considero una poeta y me gusta obsequiarlos a mis seres queridos, pero sí he intentado escribir poesía, respetando ese género como lo han hecho los grandes escritores.
 Profe  y referente  a los escritores ¿cuál es el escritor que más admira o le gusta leer?
 Juan Ramón Jiménez, poeta y narrador, también Álvaro Cepeda Samudio mi escritor de cabecera, a quien estudié bastante Italo Calvino, Gabriel García Márquez y por supuesto a pablo Neruda.
¿Cómo nace en usted el gusto por la escritura?
Primero que todo, yo no sé si haya un gusto consiente, pero sí una necesidad de escribir… lo había y lo sigue habiendo… es algo que está dentro de uno y que lo impulsa a escribir.

¿Quiénes han influido en sus escritos?
Yo creo que mucho de ese estilo, de esas exigencias que se tiene con el texto,  toda esa actividad misma de lectura y relectura, ediciones, el manejo de la información,  la forma de organizar tiene que ver mucho con esas exigencias que se me inculco y gracias a él debo mis éxitos en mi labor como escritora, (y como se llama esa personal profe)… Octavio Henao. Pero en general ese interés radica en mí y todas esas personas son el apoyo o las herramientas que he utilizado en mi proceso.
¿Para escribir un libro es necesaria una investigación previa?
Yo creo que sí… y me imagino que para todos los géneros,  y creo que para la investigación de la realidad misma, para lo académico, yo pienso sino existiera la investigación  no se podría debe existir esa indagación sino tuviera con qué seria muy difícil, se debe tener ese bagaje lo que uno a avanzado con esos autores que se vuelven de cabecera en el trabajo que uno realiza, yo creo que sí, es más casi que escribir bien es posible de lo que uno puede nutrirse.
¿Existe alguna presión del lector sobre el escritor? Lo considera…
Yo creo que mucho en la academia, uno para que le publiquen debe ser juzgado como primera medida, todo lo que uno puede escribir   debe estar pensado en el lector en poder trasmitir lo que se quiere. Y creo que lo que más limita para escribir es justamente eso, uno siempre tiene que estar puliendo el texto para poder ser valorado positivamente. Por ejemplo para la academia uno esta pensando a quien va dirigido, quien lo va a leer a uno, siempre buscando un buen juicio.  
¿En que lugar se siente cómoda para escribir?
La verdad, la verdad… tiene que ser un sitio a mi gusto, aquí por ejemplo en la oficina no es posible, en mi casa, en mi cama, muy tarde de la noche, a veces me gusta en el papel escribo,  escribo… es una labor a la que le dedico mi total concentración e interés.
Y finalmente profe ¿Existe  o no la inspiración?
Eso de la inspiración es más para los poetas, para la academia hay es una necesidad de pensar algo, organizar las ideas  uno escribe a la sombra de un por qué

Bueno profe muchísimas gracias y esperamos que tenga una buena jornada.

Crónica sobre el oficio inusual

Sueños desahuciados

Desde que estaba embarazada de su hijo menor trabaja en el mismo lugar, llegó cuando la señora de la casa se encontraba en la misma situación, este fue uno de los motivos  para que se le acogiera tan afablemente, los hijos de las dos, Carlos y María respectivamente, en una rara casualidad, de esas que hacen parte de cotidianidad latinoamericana, nacen el mismo día, un 10 de agosto de hace década y media; este hecho logra que el cumpleaños de su hijo nunca pase desapercibido, aún siendo sólo el hijo de la empleada de servicio.
Ya son más de 15 años desde esa fecha, tiempo durante el cual ha tenido que ocuparse de hacer el aseo y cocinar para toda una familia, que aunque no es la suya, la cotidianidad y las vivencias juntos han logrado que les tenga un fuerte afecto. Se levanta cada día a las 5:30 de la mañana, prepara algo simple de desayuno para su hijo, normalmente un vaso de milo que sirve con un pan, se queja de que su él no come mucho, de que está demasiado flaco. Luego lo despacha con cierto desdén mientras él parte a su colegio en bicicleta.
Luego debe preparar el desayuno para las demás personas de la casa, y disponerse a realizar el almuerzo, se esfuerza cada día para mantener a su hijo, la paga no es muy buena, ni siquiera un mínimo, pero recibe ciertos beneficios como salud y educación que en muchos otros lugares no se le otorgaría, además, a su edad ya no es fácil conseguir trabajo, es mejor quedarse allí y asegurar lo poco que tiene, hasta que su hijo se gradúe deberá seguir a pesar de los males que la aquejan. Espera que él encuentre trabajo y emigre, su sueldo aumentaría considerablemente si no vivieran juntos. También cuenta que tiene otro hijo, es algo mayor, él cuida de las tierras que heredó en su pueblo natal, no es mucho terreno pero ya debería ser autosuficiente, sin embargo, en forma constante pide que le mande dinero, ya sea para sembrar algo o para mantenerse.
El tiempo de la tarde lo invierte en hacer aseo en la casa, que intercala con las novelas que le gusta ver, todas las que dan en RCN en ese horario, finalmente prepara la cena y continúa viendo televisión, que por cierto es su única distracción, no tiene amigos ni familiares cercanos acá, así que limita mucho sus actividades. Pero ella espera que esto no sea así, apenas pueda dejará este trabajo que ya la tiene tan apesadumbrada, necesito dinero, un mejor salario, y ella sabe que puede conseguirlo, además quiere viajar a donde sus amigas y allí poder divertirse como cuando era libre.

Crónica sobre el estudiante que trabaja

Escarcha

Siempre muy puntual, muchas veces llega antes de la hora determinada por su patrona, aunque es su progenitora le gusta llamarla jocosamente así, ella, Doña Elsa, comparte la propiedad del local con uno de sus hermanos, el cual tiene una fábrica de bolsas plásticas. A las 7:30 de la mañana ya se dispone a abrir el que ha sido su lugar de trabajo por ya más de dos años, es muy estricta con los horarios, tanto, que suele gritar a sus ocasionales compañeros de trabajo por esto. No es muy complejo su quehacer diario, sin embargo suele ser muy agotador, atiende el local junto con su madre la mayoría del tiempo, sin embargo también debe ocuparse de recibir los pedidos y de surtir las vitrinas, incluso algunas veces debe salir por alguna mercancía.

Es una piñatería, bueno así les llaman aquí, venden toda clase de bolsas, de desechables y lo referente a fiestas, también algunos dulces y galletas, está ubicada en el primer piso de Sanandresito Centro, es realmente sofocante estar allí todo un día, pero a ella eso no la afecta mucho, tiene gran determinación cuando se traza una meta, ese negocio ha mantenido económicamente a su familia por algún tiempo, y es realmente necesario para su sostenimiento, pero ella no lo toma como una carga, es algo que debe cumplir para vivir bien, tres días de la semana los pasa allí hasta ya entrada la noche, de todas maneras le pagan por ello, no es mucho, pero supuestamente piensa ahorrarlo para un viaje a Corea del Sur, para conocer esa cultura que tanto la excita.

Allí su vida es algo rutinaria, pero eso sí muy divertida, su personalidad contagia a todos y siempre los anima donde sea que encuentre, siempre trata de sacudirse el frío de nuestros días, a veces grita, patalea o llora, pero llama la atención con suma facilidad, en su familia, en la universidad o en el trabajo siempre tiene personas parloteando a su alrededor, es muy efusiva y gasta mucho de su tiempo en charlas con sus amigas del trabajo, chismosean y hablan de productos de belleza, como toda mujer. Su jornada termina cerca a las 9 de la noche, no obstante suele escabullirse antes de tiempo, a estas horas se olvida un poco de los horarios en la pronta búsqueda de un lecho donde descansar hasta que la rutina del próximo día comience.

viernes, 7 de octubre de 2011

Lluvia


Me encuentro en mi cama, ya hace más de una hora me había despertado pero seguía en entresueños, escucho el noticiero matutino y finjo que vivo, pero de repente, en súbito, escuché algo, automáticamente mis retinas se expanden y mis labios se estiran formando una pequeña sonrisa, una real, las gotas de lluvia chocaban contra las hojas de ese árbol casi calvo, que de no ser por el desagradable vecino machetero adornaría mi ventana, aunque ese tronco con algunas pocas hojas no es lo que importa aquí; la lluvia, aunque no sea muy fuerte, aunque sea débil y letárgica, me llama, me atrae con su cadente arritmia, me presagia como mínimo una suave mañana. Minutos después, ya en el baño, observo por la ventana como cae ese líquido fresco y amable, se esparce y hunde entre el pasto, se resbala por entre las hierbas, y se desliza por las barbillas de quienes no le temen; sus brazos aunque fríos, no lo son tanto como para quemarme, frescos, acogedores, relajantes. Al agua de la ducha, sin embargo, la dejo correr su camino simple hacia el desagüe.
Afuera, en la calle, no hay rastros del agresor, el lacerante, el hiriente, ardiente, arrogante, inmenso y abrumador, por lo menos durante unas horas más sus rayos no me cegarán, su calor picante, la sed que produce, nada vendrá de él. En la parada de bus, junto a la venta de tintos, dulces y minutos, las gotas caen leves, no son muchas pero suficientes para que mi sonrisa no decaiga, a más de sesenta cuadras de la meta espero que esto continúe así. Abordo el bus mientras un joven, que se encuentra sentado, hablando con la vendedora, me hace una mirada entre pícara y despectiva, no me detengo en nadie, no necesito ni siquiera mirarlo, es mejor así. Al interior del transporte soy el primero, es común porque vivo allí donde empieza el recorrido, en el antiguo nacimiento de la calle 45, la más larga de la Ciudad de los Parques, después de pagar corro a sentarme cerca de una ventana, la abro y me unto de algo de vida, saco mi botella de agua, me mojo las manos y luego la bebo rápidamente.
En el trayecto sólo se suben dos personas, una frente al manicomio, y la otra tres cuadras más adelante, en la carrera Novena; es raro que sean tan pocas, pero igualmente esto es más agradable, la primera es una gordita totalmente empapada que carga con varias bolsas y casi no es capaz de superar la registradora, la otra una señora que se baja pocas cuadras después, evidentemente sólo otra más de las que le huyen a la vida. La mayor parte del tiempo miro hacia afuera una ciudad que se transforma, las personas están más abrigadas, más silenciosas y hasta más amables de lo normal, cuando la mañana se despierta húmeda y mojada, casi todos le esconden la cara a la lluvia, yo no le temo, me le muestro como quien soy, espero algún día podérmele presentar desnudo, libre, así como duermo, no quiero cadenas que me aten ni máscaras que me oculten.
En la carrera 15 la lluvía empieza a amainar lentamente, agoniza, las gotas ya casi desaparecen de la ventana, por las calles transcurren pequeños hilos que terminaran en las alcantarillas y muchos charcos, lagunillas o pichales, como les quieran llamar, que se empozan en cualquier herida del asfalto, muchos vidrios que aun continúan empañados, después de su final decaimiento vendrá el agresor, y todo se habrá evaporado.