Lectura, sí lectura. Recuerdo, ya hace más de 15 años cuando presenté el examen de admisión a primer grado de primaria en el Colegio de La Salle (comoquiera que se llame), y como esperaba, debido a mi forma negativa de ver el mundo, lo perdí amargamente frente a mis papás, no pude escribir mi nombre con los ojos cerrados, una forma estúpida de evaluar, pensé en ese entonces, de ahí mi primer gran frustración en lo que a la escritura se refiere, me sentí como un tonto ante esa prueba, o burla podría llamársele.
Estudié dos grados preescolares en el Jardín Infantil Nacional, frente al colegio ya mencionado, allí, más que aprender a leer o a escribir, pasaba días enteros jugando entre arena o en el parque adjunto, pocos números o letras, sólo juego sin orientación alguna… también recuerdo a los payasos que llevaban para animarnos, aunque en mí siempre han causado temor, con sus ridiculeces me sentía humillado ante la peor demostración de subvaloración de la inteligencia de los niños. En fin, en ese matadero de esperanzas sentí mi primer tropiezo frente a la realidad y ante mis ganas de conocer el mundo. Cuando me gradué a duras penas lograba garabatear mi nombre, pero sólo con los ojos abiertos, aún no entiendo eso de los ojos cerrados, si no veo no entiendo lo que escribo, es como aprender a hablar siendo sordo, la gran mayoría fracasa en tal hazaña.
Luego de ese festín de cosas sin sentido y juegos monótonos, ingresé a primer grado en un pequeño colegio del centro de Bucaramanga, que por cierto ya no existe, y allí fue donde tampoco aprendí a leer ni a escribir correctamente, no, allí no fue. Realmente eso se dio en mi casa, desde mis primeros años mis papas me leían la colección de cuentos de los hermanos Grimm, que aún conservo parcialmente, de allí empecé a definir mis gustos respecto a la literatura.
No obstante, fue él, la persona de la que más he aprendido, quien me enseñó más sobre las letras, sobre la vida y el estudio, mi papá. A pesar de su corta paciencia se esforzó para que aprendiera a leer y a escribir, sus métodos no eran los mejores, pero cuando los profesores me han fallado lo he tenido a él. Sin embargo, nunca he podido agradarlo con mi caligrafía, ni a él ni a nadie, sinceramente prefiero las frías teclas del computador, ya que, debido a algunos problemas de motricidad fina, escribo como si fuera zurdo, eso dicen algunos.
Volviendo con la lectura, recuerdo que pasé de los cuentos, que con el tiempo fui yo quien se los leía a mis hermanos menores, a los mapas, una de mis mayores aficiones, por medio de ellos asía el mundo que no podía conocer. Cuando vi por primera vez los mapas de la escuela pude percatarme de que la URSS, la gran Yugoslavia y Checoslovaquia aún formaban parte del presente de mis atrasados educadores, a pesar de mis pocos años estaba más enterado de los cambios geopolíticos que ellos.
No aprendí de la forma más ortodoxa, no obstante me encanta leer, amo y disfruto leer, aunque no recuerdo muy bien las cartillas que sé que usé, no recuerdo mucho las planas que sé que hice hasta desfallecer, ni lo que decían esos gritos, pero sí recuerdo que fue uno de los aspectos por los cuales escapo constantemente de este mundo, me dejo llevar y me sitúo en otro lugar, disvarío vuelo y caigo sobre las nubes, gracias a la lectura conocí la imaginación y el mundo real del cual no deseo hacer parte.